Cuando dejé mi ciudad natal en busca de mi destino, hace ya muchos años ni siquiera imaginaba todas las sorpresas que iba a encontrar. Me encontré con una ciudad de gente fría, y en todos lados dejé de ser Mª Elisa para ser el estudiante nº, el becario nº, el comensal nº, fueron muy duros aquellos años, en que mis amigos fueron mi familia. Poco a poco, fui incorporando la forma de vida de la capital, aprendí a, como Jesús, multiplicar los panes, a no esperar nada del profesor, del chico del mostrador, de la asistente social, …
A lo largo de estos años también conocí personas hermosas que atesoro para siempre en mi vida, amigos incondicionales, primos de oro, pero también estuvieron los que dijeron NO, no te ayudo, no muevo un dedo, no me importa…

Mis comienzos laborales no fueron mucho mejores, hasta que un día por esas lindas cosas de la vida caí en Nomenclatura y Numeración, el lugar en que por primera vez después de tantos años encontré gente distinta, gente con valores humanos, gente con principios. Aprendí que el respeto se gana, que es posible admirar al compañero de al lado, empecé a recordar todo lo que tenía de mi niñez pero había abandonado porque pensé que aquí no existía! Fue un año maravilloso el que compartí en N y N un sector casi olvidado de la IMM, pero con las personas más increíbles que puedas imaginar.
Todos estos años en la capital me han enseñado que “en todos lados se cuecen abas” y hay gente de todo tipo en todos lados, es sólo cuestión de saber buscar y ver…
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